Día: 14 febrero, 2018

CARLOS III. AZARA COMENTA EL MONITORIO DE ROMA CONTRA PARMA. 1768.

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El Agente de Preces español en Roma, José Nicolás Azara, comenta al Secretario de Estado el Monitorio publicado por Clemente XIII por el que excomulgaba al Duque de Parma, sobrino de Carlos III, y a sus ministros. En su opinión el documento pontificio pretende “atemorizar a los que han puesto la mano en las personas o bienes de los Jesuitas” y lo considera una declaración de guerra espiritual y “atentatoria a los derechos sagrados de los Príncipes”.

* (España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. A. G. S. Estado Legajo 5.221)

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1768 2 4 AZARA A GRIM MONITORIO

Muy Sr. mío: Días hace que comuniqué a VE las sospechas que tenía fundadas en buenos avisos de que aquí pensaba dar un golpe de autoridad para probar la Religión de los Príncipes y pueblos, y su fe acerca de la Curia Romana, haciendo una declaración llamada Apostólica en que se declarasen excomulgados todos los que haciendo o cooperando hubiesen atentado contra la Inmunidad Eclesiástica; y por esta vía atemorizar a los que han puesto la mano en las personas o bienes de los Jesuitas. El miedo solo del Ministerio ha podido detener este paso, porque los Jesuitas por medio de sus fautores no han desistido un punto de hostigar al Papa para que lo hiciese. En fin, sino lo han logrado enteramente acaban un gran parte de ejecutarlo dando todo el escándalo que les dicta su fanatismo y encarnizamiento contra el Sr. Infante de Parma. Su Decreto de 16 del pasado ha dado motivo a estos Consejeros de Tinieblas para ejecutar un golpe, exacerbando el ánimo de este Príncipe decrépito y engañado contra un Soberano; y por él empezar a hacerle despreciar los derechos de todos los demás, cosa que hasta ahora no la habían podido mover. El adjunto impreso dirá a VE lo que es el edicto que el lunes amaneció fijado por todas las esquinas de Roma, habiendo hasta entonces observado un secreto poco regular en esta Corte. En él verá VE que no han omitido cláusula, expresión ni palabra de las que puedan injuriar al Sr. Infante. Empiezan por renovar la rancia pretensión de creer suyos aquellos Estados; hacen después la enumeración de todas las Órdenes, Leyes y Edictos que S. A. ha hecho para el bien de sus Estados, extractándolas con una infidelidad y malicia dignas de su espíritu vengativo, como VE mismo reconocerá, acordándose de los antecedentes de este negocio, y el Sr. D. Manuel de Roda los sabe mejor que nadie porque lo manejó todo estando aquí. Condenan y anulan todas las dichas providencias como contrarias a Cánones, Concilios y en especial a la Bula de la Cena, y concluyen declarando incursos en Censuras el Ministerio de Parma, Jueces, ejecutores, Consejeros, sus sucesores, personas inciertas, y en fin cuantos han tenido, tienen y tendrán parte en ejecutar o hacer ejecutar las Leyes de aquel Estado lesivas de esta figurada inmunidad. Descomulgan también a los Obispos, Eclesiásticos seculares y regulares, y vasallos que ejecuten y obedezcan tales Leyes del Estado; y en suma descomulgan al Sr. Infante, al Rey nuestro Señor, a VE y a cuantos han aprobado o tenido mano en las providencias de S. A. y tácitamente se inculcan en la bárbara Doctrina anticristiana de absolver a los súbditos del juramento de obediencia a sus Soberanos, pues mandarles que no obedezcan no prueba ser otra cosa.

Considere VE el alboroto que aquí habrá excita semejante declaración de guerra espiritual. Millares de personas acudieron aquella misma mañana a la Imprenta Cameral para comprar ejemplares de ella, pero había orden de no darla a nadie; por consiguiente corrían todos a leerla por las paredes donde estaba fijada.

El argumento con que han venido al Papa para precipitarlo en este paso ha sido el de hacerle ver que este Edicto de Parma comparecía únicamente como precursor, y que las demás Potencias esperaban a ver con que paciencia lo sufría Roma para hacer luego otro tanto. Por consiguiente han persuadido a Su Santidad a que manifestase su resentimiento con un golpe ruidoso. Solo a un ignorante puede persuadir semejante sofisma, pues no hay caso en los Edictos últimos de Parma que no se haya practicado y practique en muchos Reinos Católicos.  Si es la apropiación de los Beneficios a Nacionales, no hay creo otro Estado Católico, sino el de Parma, donde no se practicase el exequatur con este o con otro nombre; tampoco hay parte donde no se observe. La prohibición de recurrir a Tribunales forasteros (comprendidos los de Roma) sin permiso del Príncipe, la dictan la razón, la Justicia, y la hacen observar muchos Soberanos; y por no citar otro, la República de Génova tiene esta Ley por estatuto fundamental de su Gobierno; si es la Ley de amortización, ¿dónde no está establecida? Los Jesuitas lo saben muy bien, pues hasta el Emperador de la China los ha promulgado últimamente por causa de las adquisiciones de su Compañía, como consta en este oficio de Propaganda Fide. Roma si ha reclamado contra alguna de estas providencias, ha reclamado en balde. Los Príncipes las han hecho y hacen observar, y han mirado con desprecio las embestidas de Roma en cosas temporales. Aquí han callado porque no tenían buenas razones que oponer, y porque conocían que al paso que había menguado la ignorancia sabían los Príncipes sostener su derecho y el de sus pueblos. Después del famoso entredicho de Paulo V hace más de siglo y medio, no ha osado la Corte de Roma manejar esta arma formidable, pero peligrosa al que la empuña con más ambición que Justicia. La defensa que hicieron entonces los Venecianos llenó de miedo y de vergüenza dicho Pontífice (también en aquel caso gobernado por los Jesuitas) y enseñó para siempre a los Príncipes la manera de defenderse de un Superior espiritual sin herir ni faltar a los derechos sagrados del Sacerdocio. Después de ajustada aquella guerra proponía aquel astuto Pontífice dar las absoluciones al Gobierno para conseguir que se confesase reo, y aun añadía que para evitar el rubor, su Nuncio haría la ceremonia con la mano debajo del Roquete. Nada fue posible para persuadir a aquellos Ministros que necesitaban de perdón, estando seguros de no haber cometido delito.

Una de las circunstancias más espantosas de este negocio, es ver que el delito de Parma en este Breve injusto e infamatorio lo fundan en que ha contravenido la Bula famosa de la Cena, que se publica todos los años el Jueves Santo en San Pedro con un aparato que no se yo que nombre darle. El Consejo de Castilla que ha hecho retener esta tal Bula sabe muy bien que casta de escrito es; y si es posible que subsistiendo y observándose lo que en ella se manda pueda subsistir Orden, Gobierno, Monarquía, ni Sociedad alguna en el mundo. El mismo Papa ni sus Ministros no han observado nunca un solo artículo de los que en ella les tocan. Verdad es que quizá en esto suplirá la Teología moderna de esta Curia, pues yo he observado que el ejemplar que aquí leen todos los años es diferente del que nos han encajado en todos los Rituales de las parroquias de España, y que a pesar de la súplica y órdenes del Consejo subsiste así, y los Obispos la permiten, o la mandan publicar todos los años.

La contravención a esta Bula es, pues, el delito de las Leyes de Parma, y VE puede contar con que el sufrimiento o resistencia de nuestros Soberanos será la medida de la avilantez de esta Corte Jesuítica. Yo no entro en la controversia del valor de estas Censuras. Se, y la Religión me lo enseña, el respeto y la sumisión que debe todo fiel Cristiano a esta sentencia espiritual; pero altamente me pretexto de que esta es abusiva de la autoridad de la Iglesia, atentatoria a los derechos sagrados de los Príncipes, que Jesucristo no vino a destruir sino a confirmar; contraria a los Cánones y Concilios legítimos; y promulgada inválida e incompetentemente, pues el Primado del Papa no le da derecho sobre lo temporal de los Soberanos. Se también que las más de estas proposiciones las condena Roma porque se oponen a su espíritu de ambición, de tal modo que Sixto V condenó un libro del Cardenal Belarmino, jesuita, porque decía que el Papa era dueño solo indirectamente de todos los Imperios del Mundo, pero vendería mi conciencia, mi Religión, y la Fe que de derecho divino y humano debo a mi Rey y Señor si no defendiese la autoridad e independencia de su Jurisdicción y de los derechos que Dios le ha dado sobre sus pueblos. Hablo así no sólo en desaprobación del atentado cometido contra el Sr. Infante de Parma, cuyos derechos debo defender según las órdenes de mi Amo, sino porque este golpe más directamente va dirigido a S. M., su Ministerio y todo su Reino, por cuanto están comprendidos en las presentes figuradas Censuras; y me consta que la idea de los Jesuitas y de los Cardenales sus emisarios es de sentar la Religión de S. M., pues Boschi, Buonacorsi y Castelli han pintado al Papa su carácter como de un Príncipe tan mecánicamente religioso y adicto a la Santa Sede, que luego que oiga el nombre de excomunión, no sólo dará orden al Sr. Infante para revocar todas sus Leyes, y pedir perdón a Roma, sino que se desengañará y abrirá lo ojos para ver como VE, D. Manuel de Roda, y el P. Confesor le tienen engañado, que no dejan llegar la verdad a sus oídos, y que han sorprendido su Religión para hacerle tomar las providencias que ha tomado contra los jesuitas. Así lo dicen, no solamente al Papa y en secreto, sino públicamente. Se me olvidaba decir que el Cardenal Picolomini pasa por haber sugerido esta especie de la excomunión, y que esto le ha congraciado con el Papa y jesuitas, con quien estaba antes muy mal, y en efecto vemos que la Legación de Romagna ha sido el premio de su consejo.

Los Jesuitas no han perdido de vista un punto su sistema de hacer romper las Cortes con Roma para justificar su infernal política de hacer inseparable su destino del de la Iglesia. Han conseguido mover al Papa imbécil y gobernado por ellos; le adulan y le hacen creer cosas inauditas. Por otra parte le quitan todos los escrúpulos de que podían padecer tocante al engrandecimiento de su Casa. Ellos que se hacen ahora tan celosos de la Inmunidad Eclesiástica, y que jactan una disciplina que nunca han observado para su comodidad, ellos, digo, serán los que le habrán sosegado la conciencia para que no lo remuerda el haber comprado el Capelo de Cardenal por treinta mil escudos, que es voz común que dio a la sobrina de Clemente XII. Tampoco los Jesuitas se descuidan ahora de contribuir al engrandecimiento de los Nepotes, sabiendo cuanto hacen en esto la corte al Tío. El general acaba de regalar una joya para la esposa del Senador que dicen valdrá sesenta mil escudos.

En fin yo no tengo que añadir en este asunto del Sr. Infante. VE mejor que yo colegirá la situación de la cosa con todas sus críticas circunstancias; y sola la lectura de la adjunta Parlina dice más que cuanto yo podía expresar. No faltará a SM el Consejo que siempre le ha asistido, y su resolución decidirá una causa que aunque suena particular de Parma, es causa común de todos los Soberanos Católicos.

Por la Congregación de Inmunidad, y por la de Obispos y Regulares se ha escrito a los Obispos de Parma y a otros de otras partes. En cuyo número estarán quizá muchos de España, dándoles instrucciones para este asunto. Me dicen también que el domingo por la noche se despacharon algunos correos, pero no se cómo ni para qué.

Me repito a las órdenes de VE con la veneración que siempre, y quedo rogando a Dios le guarde muchos años.

Roma, 4 de febrero de 1768.

José Nicolás de Azara al Marqués de Grimaldi.

*Selección y transcripción de Enrique Giménez López, 2017, bajo licencia Creative Commons “Reconocimiento – No comercial”. El autor permite copiar, reproducir, distribuir, comunicar públicamente la obra, y generar obras derivadas siempre y cuando se cite y reconozca al autor original. No se permite utilizar la obra con fines comerciales.

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